Casanyes y la "manostijeras", o cómo desmitificar Bruguera.
Casanyes fue uno de los "negros" que utilizó Bruguera para aumentar/abaratar/sustituir la producción de Ibañez. En su página web ha colgado un PDF en el que cuenta su etapa trabajando para la editorial y sus posteriores trabajos.
Hay algunas anécdotas que permiten entender la mecánica de Bruguera, y que son perfectas para anular cualquier amago de idealización de la editorial. Como muestra, esta relacionada con el mundillo de los originales, y que permite ver la relación de Bruguera con sus artistas.
La conclusión de Casanyes no tiene desperdicio.
"Quiero contar un pequeño suceso del que tuve oportunidad de ser testigo y que resulta muy significativo.
Un día, cierta dama -que más tarde ocuparía cargos de relevancia-, se acercó hasta el mostrador del Bruguera-Equip, portando una bolsa y un sobre grande. Era una mujer joven y atractiva; alta, rubia, de cabello lacio, siempre vestida con gusto y elegancia.
Se detuvo justo frente a mi mesa, al otro lado del mostrador. Allí encima vació el contenido del sobre. Se trataba de un montón de tiras y páginas originales de diversos autores de la casa.
De pronto, no sé de dónde, sacó unas tijeras enormes y empezó a cortar aquellos originales.
Hizo pedazos obras de Enrich, Segura, Raf, Conti, Ibañez... Mientras lo hacía, con la cabeza girada, conversaba con la gente de su sección. Lo hacía con la máxima naturalidad; como si estuviese pelando guisantes.
Entonces vació el contenido de la bolsa. Se trataba de un montón de originales de Ibañez; unas treinta páginas de Don Pedrito que habían sido portada de la revista Tío Vivo. La página de encima pertenecía a un extra de Navidad en la que Don Pedrito, accidentalmente, encastaba una botella de cava en la boca de un tipo y el líquido acababa saliéndole por las orejas. Años atrás yo había copiado aquella viñeta; aquel plano me había hecho salivar.
Me levanté y le dije que de pequeño había leído aquella historia. Me miró, sonrió y me preguntó si quería las páginas. Le dije que sí y me las dio; las treinta. Luego me enteré de que en ocasiones anteriores, mis compañeros ya habían salvado otros originales.
Si realmente tenían necesidad de destruir originales irremplazables para generar espacio en sus archivos -cosa que resulta increíble-, podía perfectamente haberse hecho en privado. ¿Por qué delante de nosotros?
Llego a la conclusión de que era una táctica, una maniobra para domesticar nuestro espíritu.
Nos estaban diciendo que todo lo que generásemos les pertenecía y que una vez impreso ya no tenía ningún valor. Supongo que el objetivo era crear un equipo de autómatas, hábiles en su trabajo, pero sin demasiadas ilusiones; sólo dispuestos a servir a la casa."






















